Todos somos Dorian Gray
Todos somos Dorian Gray. Todos envejecemos y acumulamos pecados a través de la sucesión de experiencias, Pero, como Dorian Grey ocultaba su fealdad en el desván, nosotros la ocultamos en el fondo de nuestra alma, no por que nos creanmos mejores que los demás (aunque en el fondo así es) sino por que si viéramos en lo que realmente nos estamos convirtiendo no lo soportaríamos.
¿Qué hay de los ideales de la adolescencia? ¿Acaso los hemos dejado atrás? Núnca. Aunque ahora creemos que no eran mas que infantiles ilusiones de imberbes.
todos somos Dorian Gray, todos llevamos nuestra oscuridad y esto mismo, lo que nos condena, nos convierte en humanos. Sólo los dioses son perfectos.
Nuestro querido lobo feroz
Proximamente
Sobre “El fantasma de la ópera”
Estamos hablando de una novela publicada por entregas en 1911 en la que Gaston Leroux nos presenta los hechos como una realidad ocurrida en 1880. Su primera aparación cinematográfica fue de la mano de Lon Chayne en el papel de Erik (el fantasma). Gaston Leroux tomó unos hechos acontecidos realmente en el teatro de la ópera de París y los transformó en una novela de terror al más puro estilo Frankenstein.
Mientras el monstruo de Frankenstein, incapaz de hacer frente a una sociedad que le rechaza, se retira al polo norte persequido por su creador; el fantasma de la ópera muere de amor aceptando que Christine (la artista de la que está enamorado) se marche a un pequeño pueblo del norte con el hombre al que ama.
Ni Erik ni la creacción del doctor Frankenstein son monstruos, sino unos seres, a los que por una realidad que les une,(su horrorosa fealdad) la sociedad les rechaza. Mientras Erik es completamente humano que nació desfigurado y que los avatares de la vida le han convertido en un ser carente de escrúpulos, Frankenstein crea a un ser totalmente inocente que descubre poco a poco, extrañado, que es rechazado por los seres humanos “normales”.
Frankenstein (llamemosle así, aunque realmente sea una criatura creada por el doctor de l mismo nombre) trata de adaptarse en vano. El fantasma ya ha perdido toda esperanza y su único vínculo con la sociedad “civilizada” le llega de manos de Christine.
Un sólo beso de compasión Christine le hace redimirse de sus pecados y le devuelve la humanidad que le había sido arrebatada.
Erik realmente no odia: en un pasaje del libro se lee “… es lo único que me queda de mi pobre madre” mientras que en otro apunta “mi madre jamás me dió un beso”. Tanto Frankenstein como Erik buscan el amor pero para ellos ese sentimiento está vetado, nadie puede amar a semejantes criaturas.
Frankenstein huye de las miradas de los demás, Erik muere pero consiguiendo el aprecio de Christine, la cual regresa a enterrar su cadáver. El odio nace del rechazo al que ambos son sometidos. Los sentimientos que inspira Frankenstein, debido a su elevada estatura son de miedo, mientras que Erik, al principio un niño, tan solo inspiraba repugnancia.
Son fruto de una sociedad cerrada en sí misma a la que le cuesta entender a las personas “diferentes”. Lejos de intentarlo les rechaza y les convierte en lo que terminana siendo: monstruos.
Huyen, para salvaguardar lo poco que les queda de humanidad.
Viaje a través del miedo
El terror ha dejado de ser lo que era. En un mundo dominado por la violencia diaria ya nada puede sorprendernos. Alimentamos cada día nuestra insensibilidad con un mar de sangre que nos llega en forma de noticias. Pero, por otro lado, deseamos volver a nuestros orígenes, conectar con nosotros mismos, con nuestros sentimientos primigenios. Pero nos da miedo. Necesitamos que nos guíen. ¿Hay alguien que pueda hacerlo mejor que los expertos en terror?
El monstruo clásico está cargado de romanticismo y a la vez nos hace temblar. Es un ser cuyas motivaciones son diferentes a la mera destrucción de cuanto le rodea. Son figuras ancestrales que reflejan nuestros temores, bien sea a lo desconocido (Frankenstein), bien sea a la soledad (El fantasma de la ópera), o a la corrupción del alma (Drácula).
Viajemos a través del miedo, veámonos con los ojos de otros y posiblemente descubramos que el verdadero monstruo habita en nuestro interior.
